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Nos vemos en Teror

sábado, 09 de diciembre del 2006 a las 06:00

Nos vemos en Teror

Armando Manzanero será la estrella del encuentro musical 'Teresa de Bolívar' en Teror. El Dúo Salteño de Argentina honrará con su canto nuestra tierra

sábado, 09 de diciembre del 2006
 
Canarias7. Canarias a diario en Internet
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domingo, 27 agosto 2006, actualizado a las 18:33 h.
Cultura
Canarias7.es - 24/08/2006 Actualizada el 24/08 a las 11:01

Armando Manzanero será la estrella del encuentro musical 'Teresa de Bolívar' en Teror. El Dúo Salteño de Argentina honrará con su canto nuestra tierra.

La entrada es gratuita

ACN Press
Las Palmas de Gran Canaria
El cantante mexicano Armando Manzanero, el Dúo Salteño de Argentina, un grupo de improvisadores de países como Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Canarias, y el conjunto La Trova, de Canarias, configuran el cartel de la edición XVIII del Encuentro de Música Teresa de Bolívar, que el Cabildo grancanario impulsa en el municipio de Teror con motivo de las Fiestas del Pino 2006.
Las actuaciones de los mencionados intérpretes tendrán lugar los días 1 y 2 de septiembre próximo, en la Plaza Nuestra Señora del Pino de la Villa Mariana, con entrada gratuita para todos aquellos amantes de los sonidos populares que desde hace 18 años vienen disfrutando de este encuentro que pretende vindicar el flujo de ida y vuelta de la cultura y los aires musicales de Canarias con la otra orilla del Continente Americano.

El Teresa de Bolívar está organizado por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo grancanario, y es el festival de música popular más veterano de cuantos tienen lugar en el Archipiélago, junto al Festival Sabandeño, que se celebra en la ciudad tinerfeña de La Laguna.

El día 1 de septiembre, a partir de las 21.00 horas, actuarán en Teror el dúo folclórico argentino Salteño, formado en el año 1967 por Néstor “Chacho” Echenique y Patricio Jiménez, bajo la dirección musical de Gustavo “Cuchi” Leguizamón. El escenario será compartido esa velada también por un grupo de improvisadores de diversos países sudamericanos seleccionados por Yeray Rodríguez. El día 2 de septiembre, también a las 21.00 horas, el cartel del Teresa de Bolívar ofrece las actuaciones de la agrupación musical La Trova, de la isla de Gran Canaria, y del mexicano Armando Manzanero, verdadero plato fuerte de este festival que interpretará una selección de los inolvidables boleros y canciones que lo han hecho célebre en el contexto de la música ligera de habla hispana.

El Cabildo de Gran Canaria cuenta con la colaboración del ayuntamiento de Teror para montar el escenario de 100 metros cuadrados de este festival ante la fachada de la Basílica del Pino. Se instalarán sillas para acoger a tres mil personas y una pantalla gigante de vídeo. 24 mil watios de sonido y 75 de luz completan la infraestructura técnica de este evento.

Manzanero nació en Yucatán en 1935 y se instaló en la capital de México, donde tocó el piano para cantantes como Lucho Gatica durante varios años. Empezó a componer a principios de la década de 1960. Gatica fue de los primeros en cantar sus composiciones, luego lo harían todos los grandes: Raphael, Los Panchos, Pedro Vargas, Olga Guillot, Angélica María o Carlos Lico. En 1967, un ejecutivo de su compañía discográfica le animó a cantar sus propias canciones y así lo hizo, consiguiendo éxitos con "Adoro", "Esta tarde ví llover", "Somos novios","Contigo aprendí", "Tengo" y otros boleros. Intérpretes estadounidenses como Frank Sinatra han escrito versiones de muchas de sus canciones. En 1970 su canción Somos novios es traducida al inglés e interpretada por Perry Como, logrando ser nominada para un Grammy.

Él, a su vez, también ha cantado temas de otros autores. Compuso canciones para Luis Miguel, en especial para su serie de discos "Romances", además de ser productor de dichos discos. También ha compuesto temas para telenovelas y uno de sus éxitos más recientes es "Hoy no". En 1993 la revista Billboard le otorgó el Premio a la Excelencia por su trayectoria artística. Sus temas han dando la vuelta al mundo y han sido interpretados por los más famosos artistas internacionales como Elvis Presley, Tony Bennet, Cristina Aguilera, Andrea Bocelli, Ray Conniff o Paul Muriat. Hace pocos años se editaron en España dos discos en los que Manzanero compartía repertorio con buena parte de artistas españoles, desde Tamara a Ana Torroja.

Por su parte, el Dúo Salteño posee una armonía basada en el contrapunto de las dos voces de sus componentes. Cada uno de ellos realiza una melodía diferente que, al escucharlas juntas producen disonancias que otorgan a su propuesta un sonido muy particular.

En 1990, la UNESCO les entregó el reconocimiento mediante el premio Tierra para el desarrollo cultural, y fueron nombrados Socios de Honor de la misma entidad. Han editado más de media docena de discos hasta la fecha, aunque su prolongada ausencia de los escenarios durante una época transformó su música en un producto de culto para muchas generaciones de argentinos. Recrean temas tradicionales y dan nacimiento a otros nuevos, nunca cantados, lo que les permite conjugar lo antiguo con lo moderno.

La música de Canarias estará representada en el Teresa de Bolívar por el grupo La Trova, constituido en 2003 a partir de la Tuna de Distrito de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su repertorio se impregna de la riqueza del cancionero iberoamericano que tanta importancia tiene en nuestra comunidad y del folclore autóctono, sin descartar la fusión con elementos contemporáneos.

La XXVIII edición del Festival contó con la participación del Dúo Salteño y Tania Libertad

viernes, 08 de diciembre del 2006

LA GACETA DE CANARIAS 11 DE SEPTIEMBRE DE 2006

Cantando en el Festival Sabandeño

Elfidio Alonso entrega una cerámica al Dúo Salteño

Dúo Salteño y Los Sabandeños cantando Merceditas 

 

ESTEFANÍA MARTÍN

LA LAGUNA.– Los Sabandeños celebraron este fin de semana su 40 aniversario por todo lo alto. La cita, la vigésimo octava edición del festival que lleva su mismo nombre y que se celebra en la plaza del Cristo de La Laguna desde 1972. Como es tradicional, el encuentro se dividió en dos partes desarrolladas en las noches del viernes 8 y el sábado 9. En la primera de ellas, desde La Perdoma, en La Orotava, los chicos de Magec, que presentaron varios temas entre los que se encontraban canciones de su primer disco titulado Ratos de parranda, consiguieron poner en pie a los asistentes que acudieron a esta velada. Tras ellos, el mítico Dúo Salteño, una institución cultural que revolucionó el folklore argentino, sorprendió con sus originales voces y su renovada música al público, que arropó esta actuación con el calor de sus aplausos. El cierre, a cargo de Los Sabandeños, supo a poco, pero se reservaron para el último tema invitando al Dúo Salteño a cantar "Merceditas", una canción del litoral argentino. Se sintieron las disonancias maravillosas de estos dos argentinos. La plaza los ovacionó. Elfidio Alonso director de Los Sabandeños les entregó una cerámica y otros obsequios, manifestando su profunda admiración y agradecimiento El segundo encuentro en el que la parranda Chimia, de Lanzarote, abrió un espectáculo cargado de buena música y buenas voces. Los nueve componentes de esta formación constituida desde el año 1996 hicieron vibrar a una abarrotada plaza del Cristo. Y es que no fue para menos. Las gargantas de los jóvenes se disputaron el aplauso del respetable que no paró de bailar y cantar durante toda su intervención. Unos excelentes cantadores e instrumentistas, como Juan Manuel Padrón Niz, Pedro César Pérez Rojas, Florián Corujo Perdomo, Francisco Hernández Callero, Ángel Rodríguez Umpiérrez, Sergio Batista Robayna, Orlando Niz Andueza, Salvador Pérez Machín y Carlos Pérez Ferraz. A su término, irrumpió en el escenario la fuerza racial de los sonidos afrocubanos de los músicos de Tania Libertad, la cantante de la paz, nombrada así por la Unesco y la voz más cándida de Perú. La obertura de Libertad la realizó su pianista, componente de Síntesis, un grupo cubano reconocido por su marcador carácter innovador en este tipo de fusiones. La peruana de ojos cristalinos recordó canciones de Pablo Milanés como El breve espacio en que no estás, de Chabuca Granda, como Fina estampa y la ranchera La que se fue, de José Alfredo Jiménez. El colofón de la fiesta de los laguneros fue obra de los anfitriones de este encuentro popular, que hicieron un repaso por su discografía y presentaron dos videoclips de su último trabajo Diamante, que recoge sus canciones más emblemáticas y conmemora estas cuatro décadas del grupo en activo. Sorpresa La sorpresa llegó de la mano de la concejal de Fiestas del Ayuntamiento de La Laguna, Julia Dorta, que entregó a Elfidio Alonso, director de Los Sabandeños, una tarta de cumpleaños a la que no le faltó la manta esperancera, atuendo canario identificativo de los de Sabanda. Alonso, se mostró agradecido y emocionado e invitó al público “a participar siempre de la música”, momento que aprovechó además para presentar las nuevas incorporaciones. Una vez concluida su actuación y como sorpresa final, la parranda Chimia subió de nuevo al escenario para cantar junto a los de La Punta y despedirse así un año más de este encuentro con el folklore y la tradición en estado puro. El Festival Sabandeño se ha consagrado por la importancia de las figuras que han participado en él a lo largo de estos años como desde Chile, Quilapayún, Inti Illimani e Illapu. De Venezuela, Soledad Bravo, Lilia Vera, Serenata Guayanesa, de Cuba, Albita Rodríguez, Omara Portuondo, de Argentina, Eduardo Falú, Los Andariegos, Víctor Heredia, Peteco Carabajal, Horacio Quiroga, Opus Cuatro. De México, Mariachi Tamazula y Los Tecolotes. De Puerto Rico, la Orquesta Nacional Mapeyé. De Marruecos, Muluk El Hwa. De Cabo Verde, Simentera. De Portugal, Antonio Rocha. Y cantautores españoles como Paco Ibáñez, Raimon, Amancio Prada, José Antonio Labordeta, el grupo asturiano Muyeres, María del Mar Bonet, Manuel Luna, los canarios Mestisay, Non Trubada, Mari Carmen Mulet, José Antonio Ramos, Benito Cabrera.

Para el Dúo Salteño, hay vida después de la nostalgia

martes, 05 de diciembre del 2006

Para el Dúo Salteño, hay vida después de la nostalgia





Gabriel Abalos - Especial para LA MAÑANA

La edad promedio de la platea hablaba del imperio de la nostalgia, lo que en mi caso quedaba disimulado tras el trajín periodístico. Desde su creación en 1967, el Dúo Salteño inyectó en el imaginario musical argentino unas cuantas ideas que nunca se habían oído en el folklore, de la mano maestra del Cuchi Leguizamón. Para nostalgia hay tela que cortar. El floruit del Dúo fue por los setenta, tiempos violentos, y también creativos, desbordantes. Muy buena época para el folklore, si las hubo.
Como nos hemos puesto escépticos, sabemos que no podemos realcanzar el pasado y, además, que si algo alcanzamos de él estará siempre fuera de contexto. Así acudimos a vivenciar el retorno del Dúo. Que ya había estado en Cosquín y este año tocó en La Trastienda, en Buenos Aires. El reencuentro en el San Martín comenzó con una ovación preliminar, al solo alzarse de las cortinas. Cheque en blanco como la barba de Patricio Jiménez, para él y para Patricio Echenique, acompañados esta vez por el guitarrista cordobés Gustavo Gancedo, que se les pegó en París.
La zamba “Bajo el azote del sol”, fue lo primero que se oyó en el silencio absoluto de la platea presta a sumergirse en esta revivificación de la memoria. Y el Dúo fue confirmando, tema a tema, algunos sustentos para emerger con la memoria para nada maltratada en este careo con el hoy. Para empezar, las voces siguen estando frescas, lo cual es un aspecto sustantivo. En segundo lugar, se trata de un reencuentro con el Cuchi, fundador, arreglador, maestro del Dúo Salteño, quien le dio su sello estilístico a partir de la materia prima vocal de Chacho y Patricio. Varios de los arreglos de Leguizamón son rescatados en el repertorio actual del Dúo, y dan ocasión de conjugar memoria y actualidad para llegar a la conclusión de que en eso precisamente consiste ser un clásico. Y el encuentro de la música del Cuchi con el color vocal del Dúo, vuelven a funcionar, desarmando todo escepticismo.
Temas como “El arriero” de Yupanqui en el arreglo de Leguizamón, sirvieron para mostrar cómo el genio del Cuchi nos hace volver a escuchar ese viejo tema bajo otra luz. Por supuesto que algunos intervalos finales de muchos arreglos se repiten hasta formar un cierto cliché, que hay revelaciones ya formuladas por el Dúo y que no todo puede re-revelarse todo el tiempo. Pero hay también mucho, muchísimo para oír y ser todavía sorprendido.
Temas como “Coplas para la luna” de José Moreno y música de Rolando Valladares,
“Zamba del imaginero”, de Tejada Gómez y Leguizamón, o “Canción de cuna para el vino”, de Castilla y Leguizamón, nos retrotraen al futuro dormido en esas canciones de hace varias décadas, al punto de encaje donde el folklore musical argentino alcanzó una mirada crítica, abierta y madura.
El retorno funciona, los cantantes son mejores juntos que por separado, el Dúo sigue siendo aquel, ese color, el empleo del falsete por Chacho, la segunda de Patricio, los temas y los arreglos del Cuchi. Con los ojos cerrados, en la penumbra del San Martín, se podía vislumbrar la misma energía original, y no caía en saco roto.

Clásico es el primero que asegura serlo

martes, 05 de diciembre del 2006

Patricio Jiménez y Chacho Echenique en Córdoba

La Voz del Interior
Domingo 22 de octubre de 2006
Edición impresa Espectáculos

En la vertiginosa y constante invención de la realidad que es necesario practicar para no quedar al margen de la a veces incomprensible experiencia de vivir que estas épocas nos proponen, ¿qué querrá decir ser un clásico? ¿La institucionalización más o menos casual y arbitraria de una vieja costumbre? ¿Un pedazo de tiempo detenido y vuelto a sincronizar según necesidades afectivas, económicas, sociales o religiosas? ¿La consagración de una maña elevada a rito? ¿La quintaesencia de la virtud explicada? Según las pruebas que día a día nos proporciona la realidad, en estos tiempos de relativización de las necesidades colectivas y urgencias individuales –sálvese quién pueda, por decirlo de alguna manera– un clásico puede ser cualquier cosa: lo que uno quiera o lo que necesite. Así como en los límites de la modernidad alguien –dicen que fue Andy Warhol, pero no viene al caso ponerse a discutir de eso ahora– dijo que el mundo está más o menos listo para complacer con merecidos 15 minutos de fama a cada uno de sus habitantes, en los zaguanes del nuevo milenio estaríamos en condiciones de asegurar que a través de esos 15 minutos de celebridad cada uno podrá convertirse en un clásico, siempre que lo creyese conveniente. Así las cosas, al final de cuentas no sería difícil llegar a la conclusión de que un clásico, así como alguna vez pudo ser una cuestión de espesor y de tiempo, ahora es más una construcción personal y subjetiva, una convicción, una cuestión de decisión. De actitud, digamos.

Clásicos viejos. En música, por ejemplo, se suele decir que al clasicismo musical vienés –alguna vez considerado el más clásico de los clasicismos– lo inventó Haydn, después Mozart lo elevó al punto más alto y más tarde vino Beethoven y lo destruyó desde la idea de progreso que le permitió pasar de época. Colorida manera de explicarlo; pero habría que agregar que todo esto sucedía sin la conciencia de los protagonistas, porque los que lo explicaron así llegaron después de que las cosas sucedieran. Es decir ellos –Haydn, Mozart y Beethoven– no fueron clásicos hasta que la historia reconstruyó el mosaico según un criterio determinado y variable a lo largo de las épocas, según el famoso cristal con que se mire. Por eso lo que ayer fue clásico hoy puede ser olvido y lo que ayer fue nada hoy puede ser clásico; y así clásico no quiere decir nada. Pero como suele suceder con los dioses, que cuando no quieren ir a algún lado mandan un arcángel rubio en representación –o con las empresas multinacionales–, los clásicos universales tienen sus corresponsales regionales y así el concepto le va ganando terreno al temido olvido.

Clásicos románticos. Todo esto viene a cuento porque este fin de semana el Teatro del Libertador –alguna vez templo vernáculo de los clásicos universales y hoy espacio abierto como para justificar una existencia que ya no se distingue de la de cualquier otra sala, total, regional o universal, todo puede ser explicado como clásico– albergó clásicos de todas las especies. El jueves se presentó el dúo integrado por la violinista Clara Cernat y la pianista Thérèse Dussaut. Las intérpretes francesas dedicaron la primera parte del concierto –organizado por la Alianza Frances de Córdoba– a Wolfgang Amadeus Mozart, en el año de las celebraciones por los 250 años de su nacimiento. Si pensamos que la obra del austríaco sintetiza lo que lo precedió y anticipa lo que va a suceder, podemos aceptar que tiene los papeles en orden como para ser considerado un clásico en serio ¿o no? El programa incluyó en la primera parte la Sonata KV 379, la Fantasía KV 397 para piano solo y la Sonata KV 403. Pero lo mejor de la noche estuvo más allá del homenaje; las características de los intérpretes, evidentemente ligados a una tradición instrumental más cercana al énfasis romántico que a la gentil ligereza mozartiana, fueron las mejores para lograr lo que lograron: una excelente versión de la Sonata Op. 105 de Robert Schumann. ¿Un clásico?

Clásicos por herencia. Otro de los clásicos que pasó por el coliseo mayor de la ciudad fue el Dúo Salteño, que el viernes convocó a un público numeroso, compuesto por jóvenes curiosos –categoría cuya probable extinción comprometería la vigencia de los clásicos en cualquiera de sus dimensiones– y viejos con ganas de volver a sentir esa felicidad que alguna vez los hizo jóvenes curiosos constructores de clásicos. Patricio Jiménez y Chacho Echenique no vienen de la Viena del siglo XVIII, sino de la Salta de Castilla y Leguizamón, que por un decreto de necesidad y belleza podrían considerarse descendientes directos de aquellos clásicos y aún de otros más clásicos todavía. En poco menos de dos horas el dúo logró hacer más música que la que se pudo haber hecho en las últimas 10 ediciones del festival de Cosquín, por tomar un ejemplo. Aún sorprende escuchar esos contrapuntos y esas voces que además de crear disonancias sugestivas despliegan un juego armónico audaz, sobre un repertorio que por el equilibrio poético musical –convendría no separar estos aspectos para que una canción sea una canción– podría considerarse clásico. Además, si cuando un artista aparece en escena y antes que haga nada ya el público le adelantó un aplauso espeso, largo y sentido –como sucedió el viernes– sin duda se ve venir un clásico. El primero de los temas fue Bajo el azote del sol, de Leguizamón y Antonio Nella Castro y el segundo uno de esos maravillosos retratos que solían hacer Leguizamón y Castilla: Chaya por Toconás, un tema que según comentaba Chiquito Catramboni –integrante de aquellos Trovadores– está en el primer disco del dúo, "el que resume todo lo que son", dijo. Entre otras páginas memorables siguieron la milonga Tiempo de mayo, la chacarera El hombre del ají, la estremecedora zamba Cartas de amor que se queman, El arriero y otros temas que formarán parte del disco que según aseguran comenzarán a grabar en estos días. Al final, se despidieron con los clásicos –siempre ellos– La arenosa, La pomeña y Zamba de Juan Panadero, esa que empieza cantando "Qué lindo que yo me acuerde..."
Santiago Giordano
sgiordano@lavozdelinterior.com.ar

El regreso de una estética del canto que marcó un camino en el folclore

lunes, 04 de diciembre del 2006 a las 19:09

El regreso de una estética del canto que marcó un camino en el folclore


Chacho Echenique y Patricio Jiménez





Diario La Capital (Rosario, Argentina)




El Dúo Salteño presenta sus recordadas canciones en el Auditorio Fundación "Ahora nos toca a nosotros llenar el vacío que dejamos". Así definió el folclorista salteño Patricio Jiménez, en la última edición del festival de Cosquín, el regreso del histórico Dúo Salteño, que tras más de veinte años de ausencia vuelve hoy Rosario para actuar a las 21.30 en el Auditorio Fundación Astengo, Mitre 748. Patricio Jiménez y Néstor "Chacho" Echenique componen este conjunto que desde 1967 marcó un antes y un después en la interpretación de la música de raíz folclórica desde un trabajo de armonías vocales que contó con la tutela del pianista y compositor salteño Gustavo "Cuchi" Leguizamón y se apoyó en la interpretación de obras de poetas como Manuel J. Castilla, Armando Tejada Gómez, Atahualpa Yupanqui o Sixto Ríos, entre otros. En diálogo con LaCapital, Chacho Echenique no sólo recordó el paso del dúo por míticos reductos rosarinos de los años 70 y 80 como Corchos y Corcheas o La Salamanca, sino que también manifestó que "aunque con menos publicidad Patricio (Jiménez) estuvo haciendo cosas como solista después de su experiencia con Los Cuatro de Salta y yo también me afiancé como autor y compositor durante estos años y hasta llegué a grabar los temas de un disco que después no pude editar", indicó sobre el pasado reciente el autor del kaluyo "Doña Ubenza". Echenique además negó que este retorno del dúo implique en lo musical revivir algo. "No siento que estemos reviviendo nada, porque nuestra estética es permanente ya que hubo un trabajo serio con músicos y poetas cuya obra un poco se olvidó por las circunstancias políticas y culturales que atravesó la cultura argentina". Dos años después de su creación, el Dúo Salteño fue revelación del Festival de Cosquín, apostando a la simple estructura de dos voces y dos guitarras pero que representaban una absoluta novedad en términos armónicos ya que venían a romper con el sonido impuesto por los cuartetos enrolados en la línea Chalchaleros o Fronterizos o por los grupos puramente vocales. Jiménez y Echenique fueron la voz que necesitaba el talento compositivo de Cuchi Leguizamón. El creador de "La Pomeña" era un académico que renegó del folclore de conservatorio y encontró en esas gargantas los timbres que representaban cabalmente el modo popular de cantar del noroeste argentino, al que él le sumó su impronta, acompañando al dúo en vivo y en grabaciones que en su momento no fueron justicieramente evaluadas, al punto que numerosos presuntos entendidos consideraran que desafinaban, pero que hoy hacen del dúo un grupo de culto hasta para gente proveniente del rock y el jazz.

Músicos renovadores en serio

El estilo vocal del Dúo Salteño se basó en contrapuntos y falsetes de gran altura. La carrera de estos artistas, comprometida en lo político y en lo ideológico con la coyuntura nacional de aquellos años debió ser necesariamente accidentada, en medio del clima de terror que se inició en 1975 y se profundizó con el golpe del 76, en el que la difusión de su música estuvo prohibida en los medios.

Sin ser firmantes formales de la propuesta, los integrantes de dúo adhirieron en la práctica a los lineamientos del movimiento "Nuevo cancionero", nacido en Cuyo de la iniciativa de Oscar Matus, Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez, entre otros músicos.

La discografía del dúo se integra con ocho placas de estudio y numerosas recopilaciones de los distintos sellos y, además, por estos días preparan el que será el noveno disco de su carrera, a editarse en febrero del año próximo. El dúo llega a Rosario con los temas que ofreció en el show cumplido en La Trastienda de la ciudad de Buenos Aires.  

El triunfo del folclore que lucha contra las fórmulas conformistas

lunes, 04 de diciembre del 2006 a las 19:05
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El triunfo del folclore que lucha contra las fórmulas conformistas

martes, 07 de noviembre de 2006
El Dúo Salteño recibió la ovación de un público que premió calidad e historia

U. G. Mauro / La Capital

Imagen: Marcelo Bustamante

El dúo salteño ofreció un recorrido
por la mejor música de Salta
La presentación del Dúo Salteño en el Auditorio Fundación Astengo el pasado fin de semana representa varios triunfos: el del auténtico arte contra el folclore prefabricado, el de la búsqueda armónica contra las recetas conformistas, el de la sencillez de dos voces y dos guitarras contra una parafernalia técnica que muchas veces no aporta nada; el de lo antiguo pero trascendente contra la novedad insustancial. "La gente fue a aplaudir al Dúo Salteño y a aplaudirse a sí misma", observó acertadamente un colega, respecto a la comunión que se vivió entre el público y los artistas, en referencia a que las butacas del Astengo se poblaron mayormente de aquellos que desde fines de los años sesenta tuvieron al dúo como referencia y alimento estético mientras buscaban nada más ni nada menos que un mundo mejor, más justo y solidario, cuando era vergonzante no conocer, como mínimo, la letra de "La Pomeña". Desde el comienzo del espectáculo, el Dúo Salteño se impuso hacer crecer el fuego del show desde abajo. Precisamente. El primer tema fue la poco conocida zamba "La de abajo", un tema que por única vez unió en la autoría una letra de Nella Castro con la música del Cuchi Leguizamón, y la aprobación general marcó el rumbo del clima general. Quienes temían que los años hubieran dañado volúmenes, timbres o ductilidades vocales se tranquilizaron. Ambos artistas continúan mostrando las mismas voces por las que siempre se caracterizaron, con Chacho Echenique encarando tonos altos y falsetes con la capacidad de siempre y Patricio Jiménez ejecutando difíciles fraseos cargados de notas y contrapuntos en una amplia variedad de tonos. Tras la "Chacarera del zorrito", llegaron el popular kaluyo "Doña Ubenza", "Corazoneando", "El arriero", la zamba que Tejada Gómez y Leguizamón compusieron en homenaje al escultor Juan de Dios Mena y también en uno de los momentos más emotivos de la noche, "Tiempo de mayo", tributo a las luchas del Cordobazo y el Rosariazo. El tema dio paso a los esperados clásicos del dúo, incluida "La Pomeña" coreada por todos en el mejor momento de un recital en el que los artistas llenaron de didácticas anécdotas los espacios entre cada canción, tomándose su tiempo y demostrando que el vértigo y la demagogia pueden generar famas pasajeras, aplausos fáciles, pero nunca auténtica trascendencia como la que ellos cosechan.


Diario La Capital

EL DÚO SALTEÑO: UNA AVENTURA A LOS SALTOS

domingo, 03 de diciembre del 2006
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Es oportuno saberla. Y mejor aún, compartirla. Porque la del Dúo Salteño es una de esas aventuras donde confluyen maravillas musicales y paradojas del arte popular.Chacho Echenique, la voz alta del dúo, y Patricio Jimenez, que canta la segunda, vienen repasando juntos esas historias de vida consagrada a la música, que sólo conoce un círculo de amigos íntimos. La están reflotando desde que aparecieron de vuelta por los escenarios, a partir de octubre del 2005, en Catamarca. A nosotros nos tocó el privilegio y la alegría de presentarlos en aquella primera actuación, tras 20 años de silencio.Quienes celebran hoy este milagroso regreso del dúo, ya habían intuido desde aquellos días finales de los sesenta, que ellos estaban predestinados a juntar sus portentosas voces con la inventiva prodigiosa del Cuchi Leguizamón. Tres salteños para sacudir, desde aquel asado en lo de Juan Riera, en l967, los cimientos de la armonía convencional de las dos voces en el folklore, como nadie lo había agitado antes, para construir un nuevo edificio sonoro sobre esos añejos y sacrosantas cimientos.Chacho y Patricio están narrando aquellas primeras peripecias, antes de que se convirtieran en el prestigioso Dúo Salteño, mientras desgranan evaluaciones sobre masividad, fama, desafíos, vanguardia, rechazos, censura, listas negras, despedida, reencuentro.Estos tipos singulares se encontraron primero, no en la Salta de sus pagos, bien arriba del mapa provincial,  sino en esta convulsionada Reina del Plata, justo en el hall del Nuevo Teatro Buenos Aires, y juntaron sus voces para entonar la zamba “Pastorcita perdida” que hoy nadie recuerda. Chacho andaba pateando balones en los clubes de Lanús y de San Lorenzo. Patricio integraba esporádicamente el conjunto Los de Salta, y apenas si conocía al personaje Leguizamón desde el ángulo más visible de abogado y profesor de historia.Chacho y Patricio tenían para ostentar un bagaje de íntimas y secretas vivencias. Chacho allá, en Quijano, bien al Norte de Salta, más allá de la lejana San Antonio de los Cobres escuchando los agudos increíbles de los viejos y anónimos bagualeros. Patricio que se familiarizaba, no demasiado lejos de allí, con los cantores populares que se hacían escuchar en las famosas “carpas”, acompañándose con caja. Todo aquello estaba en los cerros, junto a esos paisajes inolvidables. Paisajes que anidarán por siempre en la memoria de las almas sensibles. Y en su casa, Patricio escuchando la más variada música, incluida la clásica y siguiendo, no la melodía, allá arriba, sino los acompañamientos, la armonía, la parte de los bajos... Como un juego inocente y divertido que adiestraba en secreto su fino oído. Ahí está el secreto: las hondas y perdurables vivencias atesoradas en el seno de la tierra salteña. Por eso, cuando se juntaron, las dos voces, que sonaban tan bien, buscaban un músico que guiara sus pasos. Y ocurrió en aquellos días del 67 (los dos ya en la capital salteña), que un amigo: el hijo del panadero Juan Riera, les cuenta del asado en su casa, donde concurrirán el Cuchi Leguizamón, el barbudo Manuel Castilla y otra gente del folklore, como ocasión propicia para esa consulta. Y ahí nomás, Chacho y Patricio, que cantan “Zamba del Silbador” según su leal saber y entender. Y el Cuchi, que pregunta, desconcertado ¿quién la armonizó? Los muchachos, que contestan: ninguno, así nomás nos sale…El fugaz diálogo no termina ahí. Pero la chispa que estalla en ese momento enciende una esplendorosa llama en el alma del Cuchi. No duda un instante. Volcánico, casi imperativo, les grita: yo los voy a armonizar. Chacho y Patricio han atesorado las vivencias de aquel mágico momento del alumbramiento del revolucionario trío, hacia fines de los 60 y comienzos del 70: “fueron los mejores tiempos del Cuchi como compositor, incluso como pianista maravilloso”. Y afirman que hasta llegó a adaptar su forma de armonizar en el piano, para sacarle el jugo a la tan amplia tesitura de que disponía con la voz de contratenor (o practicando falsetes) de Chacho, y el registro de barítono de Patricio. Implícitamente estaban expandiendo, con sus voces, la fantasía creadora del músico. Un músico cuya inventiva había sido alimentada por los clásicos contemporáneos, como Bela Bartok, Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, a quienes quería emular en atrevimientos armónicos, aplicándolos obstinadamente, pero también como un juego provocador, en la música folklórica.  “Era –dicen a coro- un enriquecimiento mutuo esta relación de maestro-alumno y alumno-maestro”. Un trabajo intenso de ensayos con el Cuchi, que nos iba dictando las notas a cada uno de nosotros. Interminables ensayos, a veces. Con algún “recreo” (como los llamaba el Cuchi) para escuchar música de Bartok, Stravinsky, Schoenberg y descubrir las aproximaciones del Cuchi a esa música “rara”. Fueron ensayos entre acuciantes búsquedas de posibilidad en la combinación de voces, y clamorosos hallazgos en la intimidad de una casa. “Lo curioso del caso es que nosotros no habíamos estudiado música. Y al comienzo no nos animábamos a confesárselo al Cuchi. Patricio y Chacho eran nomás (¡y nada menos!) músicos intuitivos. Cuando se enteró el Cucho ¡nos maldijo! Pero al rato se disculpó reconociendo que muchas la música se aprende mal en los conservatorios”. DESAFÍOS, EXITOS PRECARIOS Y FRACASOSLa renovación del canto a dos voces encerraba intrínsecos milagros artísticos, al tiempo que planteaba hacia afuera desafíos, tanto en la acogida del público como en la divulgación de los sellos grabadores y los medios de comunicación. El nuevo cancionero asumido por El Dúo Salteño, con las novedosas armonizaciones del Gustavo Leguizamón era una conquista del arte. Mientras la poesía de Manuel J. Castilla trepaba en alas de bellísimas metáforas para retratar personajes, costumbres y  paisajes norteños, la música del Cuchi desafiaba con asombrosos giros melódicos y atrevidas armonías propias de la música contemporánea. De igual modo ascendían a las  cumbres del idioma, con la música del Cuchi, los versos de Tejada Gómez, de Miguel Angel Pérez y del propio Leguizamón. Eran retos al lugar común, a lo consabido, a lo transitado, a las convenciones artísticas que reinaban hasta entonces. Y al tiempo que recogían las esencias de la tierra con un modo de cantar bien norteño, cultivaban el refinamiento, la exquisitez en el modo de cantar. La zamba recobraba sus lentas, morosas cadencias; se descartaba el grito festivalero aunque crepitara el alegre ritmo de un bailecito, y se cultivaba la media voz. Y hasta el susurro. Nacía una nueva vanguardia en el folklore. Diferente de la que había planteado -en la orquesta- Waldo de los Ríos. Frente a este cambio estético, muy pocos oídos estaban preparados para asimilarlo. Pocos llegarían a comprender y disfrutar de estas nuevas creaciones y formas de expresarlas, que dejaban atrás a los clásicos dúos tradicionales en los que la segunda voz se dedicaba a hacer intervalos solamente de terceras y sextas. Aquí los diseños melódicos para la voz aguda (contratenor) de Chacho conciliaban de maravillas, con sus saltos angulosos, inopinados, la zamba con la baguala, y la voz grave (barítono) de Patricio saltaba en contracantos (no contrapuntos, como se repite a menudo erróneamente) con intervalos de cuartas, séptimas, quintas y segundas disminuídas sin tregua, en una sucesión alucinante, casi inasible, de disonancias, entre las que flotaba una tercera nota que completaba un sinfín de acordes pergeñados desde el piano por su creador.Con esta singular línea artística irrumpen en 1969 con su primer disco. No lleva otro título que “Dúo Salteño”. En el mismo año el Festival de Cosquín los corona como Revelación. Este es el público del folklore que los aplaude, entusiasmado o desconcertado, dándoles la bienvenida. Dos años después -1971- vienen a Buenos Aires, y junto al piano del Cuchi graban su segundo disco con un título menos obvio, pero explícito: “Canto de Salta”.”Nos costó muchísimo llegar al gran público. Nunca fuimos masivos, admiten. Hasta nos acusaron de elitistas. Los  oyentes que nos acompañaron en la propuesta se hicieron fanáticos de nosotros. Pero eran los menos. Lógicamente esto limitaba las posibilidades de enriquecer el folklore. De paso incidió negativamente en el interés de la grabadora y de las radios por la difusión de nuestros discos. No siquiera teníamos representante, y la compañía discográfica argumentaba que al no vender, no éramos negocio. Esta situación, además de ser anímicamente desgastante, nos impedía sobrevivir dignamente.Y entre primer y segundo disco se produce un hecho significativo en el Festival Internacional de la Canción de 1970, en el Luna Park. La piedra de toque está en el folklore del Dúo, y en el tango de Piazzolla. La divisoria de aguas entre el espíritu tradicionalista de la mayoría y las mentes abiertas a la renovación, estallan en el público. Al dúo lo silba y le tira monedas la popular cuando cantan “El imaginero” (del Cuchi y Tejada Gómez). A Piazzolla le ocurre lo mismo, cuando Amelita Baltar canta  “Balada para un loco”, con letra de Ferrer. La suerte estaba echada. Los nuevos aires en el folklore y el tango debían luchar a brazo partido para acceder a la aceptación masiva. “Lo nuestro no era para festivales”, concluye el Chacho en nuestra charla.Al Nuevo Cancionero gestado en Mendoza, con Tejada Gómez, Matus, Tito Francia y Mercedes Sosa no le había pasado lo mismo. Porque implicaba otra clase de desafío –también  profundo, humano, ético, pero no vanguardista-: rescatar al folklore del puro pintoresquismo para reivindicar al hombre común en su esencia y en su entorno. Los tres movimientos, para nada planificados, han surgido en aquellos años fundacionales.Para los muchachos del Dúo –y para Piazzolla y para Mercedes- eran menos riesgosos y más acogedores los boliches chicos, como el pequeño subsuelo de la calle Talcahuano, o el teatro Luz y Fuerza, presentados por Miguel Angel Merellano. Incluso recuerdan aquel espaldarazo que recibieron en El Viejo Almacén, cuando luego de escucharlos, Astor Piazzolla los felicitó y los abrazó, emocionado. Y la dicha de compartir los escenarios recoletos con músicos de la talla de Dino Saluzzi, del Mono Villegas, cuando no es que lo traían desde Salta al mismísimo Manuel J. Castilla.Y claro que también había otros oídos atentos y abiertos para acoger su canto hondamente telúrico y desafiante en sus formas. Así les resultó estimulante el formidable espaldarazo de difusión que les había prodigado, cuando apareció su primer disco, “el peruano parlanchín” Hugo Guerrero Marthineitz en su Show del Minuto. Fue gracias a su invitación que bajamos de Salta a Buenos Aires. Todas estas fueron  pequeñas-grandes -y esporádicas- compensaciones frente al desinterés manifiesto de la grabadora Polygram por promocionarlos, con el implacable pretexto de que “no eran comerciales”; y frente a la sordera de la mayoría de las radios y de las entidades culturales de Salta. Ni Chacho Echenique ni Patricio Jiménez habían contado hasta ahora públicamente estos avatares. Estas contradicciones que se planteaban entre un arte popular inspirado, creativo, genuino, dictado por el amor a la tierra, y la desconcertante acogida de público y la sordera crónica de los medios de difusión. La paradoja cruel de quienes buscan enriquecer nuestros patrimonios frente a una sociedad no preparada ni dispuesta mental ni espiritualmente para los cambios. Desde hace un año que los vienen recordando –en pleno regreso con gloria- con una estoica sonrisa y una sutil mueca de dolor.Avanzaban los años 70, y con ellos las noches negras de una pseudo democracia y sus listas negras. Mediados de la década en la que la palabra “subversivo” es aplicada a todo aquel que no obedece ciega y calladamente los manotazos del poder sin control, y al que levanta su voz. El Dúo, Mercedes, y tantos otros eran calificados, de pronto, de subversivos. Y claro, recuerdan: nos persiguieron. No nos quedaba otra que seguir actuando en pequeños reductos, casi a las escondidas. Y de pronto llegaba la policía, y el desbande…También soportamos el allanamiento de nuestra pobre pensioncita. La Triple A nos prohibió en los medios de difusión. Soportábamos constantes amenazas. Los militares apretaban a los dueños de los teatros para que no nos contrataran. Nuestros discos fueron proscriptos por el Comfer. ¡En el 73 llegaron a impedir la difusión de “El Violín de Becho”, de Zitarrossa!   “Fue el momento inexorable de nuestro alejamiento. “Con Patricio –confiesa Chacho- no pudimos ponernos de acuerdo sobre la forma de encarar la difusión. Es que teníamos todo en contra y barajábamos, sin ninguna experiencia en la materia, distintas maneras de encararla. Mientras, en la humilde pensión de la calle Talcahuano se nos acababan los víveres. Estábamos lejos de la familia, extrañándola”.En cuanto a discos, Phonodisc había editado en el 73, el disco “Dúo Salteño II”, que al año siguiente salió en Japón. Y aquí como “Dúo Salteño III”. De esa época saltamos a 1983, en el que Polygram se anima a reeditar “El canto de Salta” que, como dijimos, habíamos grabado junto al piano del Cuchi. Y en 1984 un nuevo que bautizamos “Como quien entrega el alma”.Vendrá después, ya en 1986, la grabación de “Madurando sueños”, casi como una promesa de resurgimiento, también en Polygram. Parecía una reivindicación…Se habían dado, naturalmente reconocimientos a tan excelso trabajo creativo del Cuchi y el Dúo Salteño: el 3º premio, en 1969, en el Festival Iberoamericano de Danza-Canción del Luna Park; el ya citado premio Revelación, en Cosquín 1969; el galardón de la UNESCO Para el Desarrollo Cultural, y también de ese organismo internacional la designación de Socios de Honor, todo eso en 1990.Este es el breve racconto que intentamos a partir de las charlas con Chacho Echenique y Patricio Jiménez. Es, digamos, “la primera parte de su historia”. De aquí en adelante nos ocuparemos de su regreso, a partir de octubre de 2005, en Catamarca, y el anticipo del nuevo disco que prometen grabar. Será la segunda gloriosa parte…

 

René Vargas Vera

Noviembre 27 de 2006 

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Este blog está creado para todos los que amamos al Dúo Salteño: sus voces, su armonía, su repertorio. Difundir al Dúo, es una manera de agradecerles a Chacho y Patricio la emoción profunda e indescriptible que nos embarga al escucharlos.

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